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La fe, sencilla y compleja

“Preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?». Pedro les contestó: «Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros».” (Hech 2,37-38). Estamos en Jerusalén, durante la mañana de Pentecostés. Pedro, en nombre del resto de los apóstoles, acaba de anunciar con valentía el kerigma: el hecho de que Jesucristo es el Mesías de Dios, muerto y resucitado para nuestra salvación. Y la reacción de los que lo escuchan es ésta: preguntan qué tienen que hacer. Pedro les pide que se conviertan y sean bautizados. Pero, ¿qué significa la conversión que solicita Pedro? La conversión es el reconocimiento de la presencia de Cristo en nuestra vida. Si reconocemos que Cristo está dentro de nosotros, si lo descubrimos como alguien real y nos encontramos con Él cara a cara, entonces ya no podemos vivir igual que antes. Tendremos que cambiar la orientación de nuestra vida, ya no podemos vivir desde nosotros mismos sino desde Él, “que por nosotros murió y resucitó” (cf. Rom 8,34). Y para que esto sea posible necesitamos vivir en la fe, que se nos entrega como don y regalo en el bautismo.

La fe es vivir desde Dios, desde Jesucristo, ayudados por el Espíritu Santo en la comunidad eclesial, en el grupo de los creyentes. Parece sencillo, ¿verdad? Pues lo es. La fe es sencilla. Que sea sencilla no quiere decir que sea simple, irracional o ciega. La fe es razonable, ha de ser razonada, no creemos a oscuras. Pero es sencilla, comprensible para todos, accesible para todos. Y ahí está la raíz de la difusión del cristianismo en la Iglesia primitiva. Pablo, también otros misioneros y apóstoles en los orígenes del cristianismo, entendió a la perfección que Cristo y la fe en Él tenían una dimensión universal. No era para una élite instruida, intelectualmente despierta y cultivada que representaban un porcentaje ínfimo de la sociedad greco-romana de la segunda mitad del siglo I. Pero tampoco era sólo para los esclavos o la masa analfabeta de la población del imperio romano o de los pueblos vecinos. La fe es sencilla, comprensible, inteligible, accesible a cualquiera que tenga el corazón y la mente dispuestos para acoger a Cristo en su vida. El Apóstol se da cuenta con una agudeza admirable que Jesucristo le pide que lo dé a conocer a todos, no a los instruidos exclusivamente. El mandamiento del amor (“Amaos los unos a los otros como yo os he amado. En esto conocerán todos que sois discípulos míos”, Jn 13,34-35) lo entiende todo el mundo, ¿o no? Es elemental. El mensaje cristiano, el anuncio evangelizador del kerigma atrae a los primeros cristianos con fuerza y les hace cambiar de vida (convertirse) y acoger la fe en sus vidas (bautizarse) para vivir desde el Señor.

Pero, ¿por qué entonces sí fue posible y hoy no? ¿Ha cambiado el mensaje? ¿Han cambiado los destinarios? El mensaje no puede cambiar porque los hombres no podemos desfigurar a Dios, a Cristo. El mensaje nos sobrepasa, está por encima de nosotros y no podemos alterarlo, no tenemos capacidad. ¿Y los destinatarios? Tampoco han cambiado. Hoy como ayer, son personas que no han oído hablar de Jesucristo auténtico, el de verdad, el único, el que salva. Pero, si el mensaje no ha cambiado, si los destinatarios, con las particularidades socio-históricas propias, son similares, ¿por qué no triunfa la predicación hoy como en la mañana de Pentecostés? Una de las principales respuestas que podemos ofrecer nos hace mirar a los transmisores del mensaje. ¿No serán ellos los que han cambiado la forma de transmitir el mensaje? Ante la incoherencia en la vivencia de esa fe que predicamos, ante la supuesta incapacidad para vivir el evangelio y la fe buscamos justificaciones a nuestra inmovilidad complicando la fe. Sí, complicando la fe, haciéndola más difícil para no sentirnos solos en la experiencia de no ser capaces de experimentar en primera persona la salvación de Cristo. Como nosotros, los anunciadores, no logramos vivirla, pues se la complicamos a todos para que pocos lo consigan. Y comenzamos una búsqueda de explicaciones, de adecuaciones, de envoltorios, de racionalizaciones, que no buscan sino interpretar la fe a nuestra medida. “Lo que Jesús quiso decir fue…” “Él se refería en realidad a…” “Lo que debemos hacer es…” Ya está, la fe rodeada de una masa de teorías, de matizaciones, de complejidades que han ocultado su frescor, su vivacidad, su impacto, su realidad. Ya tenemos colocados un sinfín de filtros que inexorablemente impedirán a Cristo llegar hasta el centro de nuestra vida y transformarnos.

La fe reducida a mera moral. La fe obligada a entrar contra su voluntad en el cajón de una serie de comportamientos normativos. Volvamos al principio, releamos el discurso de Pedro (Hech 2,14-36). ¿Encontramos algún rastro de moral? ¿Les dice Pedro cómo tienen que comportarse, qué tienen que hacer, qué mínimos tienen que cumplir? ¿No les anuncia más bien que Cristo ha muerto y ha resucitado por ellos y ahora es el Señor? Y este kerigma les lleva a la fe, a preguntarle cómo pueden estar cerca de ese Hombre – Dios. Ahí ya entra la moral, la ética cristiana, pero en una etapa posterior a la conversión. Sin conversión, no puede darse la fe plena y la vida consecuente con esa fe acogida, asumida e integrada. Los evangelizadores del siglo XXI no debemos desfigurar la fe, hacerla más complicada, elevarla hasta un lugar alcanzable para pocos porque, como hemos visto, esto no es así. Quizá a nosotros nos cueste vivir la fe, pero no por ello hemos de actuar llenos de soberbia, de orgullo y proponernos consciente o inconscientemente: “Como yo no soy capaz de asumir la fe, de convertirme, de vivir en cristiano, hay que complicárselo a todos porque ellos son inferiores. Si yo no lo vivo, que soy inteligente y capaz, ¿cómo lo van a hacer ellos? ¿Es que ellos me van a superar a mí, que sobresalgo por mis capacidades humanas?” Pues sí, Cristo regala la conversión a aquellos que son sencillos y humildes para reconocerse nada ante Él, como María, su Madre. Sólo desde la sencillez, desde la humildad, es posible la experiencia de la fe, la experiencia de Cristo actuando en nuestra vida, conduciéndonos a la salvación, acercándonos a la santidad. Huyamos de complicar la fe para justificarnos. Mejor preguntemos al mismo Jesucristo o a los que son sus mediadores cercanos para nosotros, con humildad y sencillez, como Saulo desde el suelo, camino de Damasco: “¿Qué debo hacer, Señor?” (Hech 22,10).

¿A qué llamamos familia?

Ofrecemos a los lectores de Caminayven en unas consideraciones en torno a la familia, sin ninguna pretensión electoralista. Simplemente se trata de arrojar luz sobre la familia, un término que, desgraciadamente, se ha viciado considerablemente por considerar “familia” a cualquier tipo de unión, perdiendo así el verdadero significado de la Institución.

Uniones homosexuales, uniones habituales

Las uniones homosexuales plantean a los gobernantes y legisladores nuevos problemas en muchos sitios, y esto va a más, así que ojo al parche. Se trata de la solicitud de reconocimiento legal, para las convivencias de homosexuales, de todos o de algunos de los efectos civiles que el Derecho reconoce a los cónyuges, incluido el de la adopción de hijos. Lee el resto del artículo

De “Hermano de nuestro Dios” a “Popieluszko”

El director de cine y de teatro polaco Krzysztof Zanussi -en relación con la figura de Juan Pablo II en 1997- llevó a la pantalla la obra teatral homónima del entonces Karol Wojtyla, escrita hace casi cincuenta años, titulada Hermano de nuestro Dios.

Zanussi conoció al Pontífice “a comienzos de los años sesenta”, cuando estudiaba filosofía en la Universidad de Cracovia. Tenía mucho interés en la creación artística, y eso es lo que nos unía. Más adelante, fue galardonado con el premio Robert Bresson por “involucrarse en la búsqueda del significado espiritual de la vida”.

Sobre la decisión de llevar la obra del Papa al cine, Zanussi explicó que “al principio un colega hizo una adaptación del guión para llevarlo al cine, pero no coincidía del todo con las intenciones del autor, ya que hacía los momentos biográficos demasiado explícitos. Él quería una obra más modesta y fiel a su texto original. Con esta segunda adaptación tuvimos la aceptación del autor”.

Asimismo, el cineasta describió las “coincidencias biográficas” entre el protagonista y el autor de la obra; y afirmó que “en primer lugar los dos sacrificaron su arte y el amor humano por la entrega a Dios y a los demás. Tanto el pintor -protagonista de la obra- como el Papa denuncian las injusticias del sistema social con diferencias abismales entre pobres y ricos, pero la solución que plantean no es la revolución, sino la caridad como el bien hacia todos los individuos y la solidaridad como compromiso personal. El autor hizo su particular homenaje al escritor y monje, Adam Chmielowski (1845-1916), que en 1989 Juan Pablo II canonizó”. Lee el resto del artículo

Aborto: carencia de comprensión

Según un informe elaborado por el Instituto Guttmacher y la Organización Mundial de la Salud (OMS), la tasa de abortos comienza a estabilizarse tras varios años de caídas e incluso se aprecia un ligero ascenso en algunas regiones del mundo.

Richard Horton, editor de la revista británica “The Lancet”, se ha expresado en referencia a estas investigaciones, haciendo especial hincapié en lo alarmante del caso y la necesidad de unas leyes de aborto más liberales como solución.

Lo que resulta curioso es que los datos que este estudio refleja, hablan de los daños físicos e incluso muertes a las que se enfrentan las mujeres que se someten al aborto cuando lo hacen de un modo inseguro, esto es, cuando al no estar protegidas por leyes, lo realizan de un modo clandestino, pagando, a veces, con sus propias vidas como consecuencia de esta situación. Pero, por lo visto, de las 220 defunciones por cada 100.000 procedimientos llevados a cabo en EEUU, según se argumenta, no se tienen en cuenta que, a esas 100.000 vidas, que han despreciado, se les ha negado el derecho a vivir, aunque esto no debería ser sorprendente, pues parecen ser tan solo unos números que no sufren cuando se les arrebata la vida en el vientre materno. Es importante considerar que en clínicas abortivas legales también se dan casos de muertes maternas durante dichas intervenciones “seguras”.

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Discurso de Benedicto XVI en la audiencia con el Camino Neocatecumenal

  Queridos hermanos y hermanas, Este año tengo la alegría de conocerlo y compartir con ustedes este momento de enviar a la misión. Un saludo especial a Kiko Argüello, Carmen Hernández y el Padre Mario Pezzi, y un saludo afectuoso a todos vosotros: sacerdotes, seminaristas, familias, educadores y miembros del Camino Neocatecumenal. Su presencia hoy es un testimonio visible de su compromiso con la fe gozosa vida, en comunión con toda la Iglesia y con el Sucesor de Pedro, y al ser heraldos valientes del Evangelio. Lee el resto del artículo

Benedicto XVI y el Camino Neocatecumenal. Envío y aprobación de la liturgia.

Hace unos minutos ha concluido la audiencia del Papa Benedicto XVI con el Camino Neocatecumenal en la que se ha aprobado la liturgia de las celebraciones contendidas en el Directorio Catequético de este movimiento eclesial. La audiencia ha tenido lugar en el Aula Pablo VI del Vaticano y han estado presentes los fundadores del Camino, Francisco “Kiko” Argüello, Mario Pezzi y Carmen Hernández, junto a unos 7.000 miembros del mismo.

Durante este acto, el Papa también ha enviado a 18 familias del Camino a la misión “ad gentes”. Esta modalidad de evangelización, que desde hace unos años puso en marcha el Camino Neocatecumenal, lleva a familias cristianas, acompañadas de un sacerdote, a vivir en medio de ciudades con poca presencia cristiana.  Algunos de los destinos a los que partirán las familias en esta ocasión serán Viena, Manchester, Papúa-Nueva Guinea, Montpellier, Marsella o una ciudad de Australia donde viven los aborígenes. Lee el resto del artículo

La cara y la cruz del cristianismo en Roma

La cara y la cruz del cristianismo en Roma. Por María Monreal.

Cada día miles de turistas visitan la ciudad de Roma, atraídos por la imponente belleza de su gran patrimonio artístico. La capital de Italia es un importante referente en muchas materias, aparte de la cultura, como la gastronomía o el derecho, entre otras. Lo es también para el cristianismo. De hecho, los católicos vivimos pendientes de Roma, ya que allí se encuentra la Ciudad del Vaticano, donde reside el Papa. El máximo esplendor del cristianismo se manifiesta en Roma. En sus cuadros, sus esculturas, sus iglesias… Gran parte de las obras artísticas de Roma están relacionadas con el culto cristiano, ya sea en funcionalidad o en temática, y encontramos su gran exponente en la Basílica del Vaticano. Lee el resto del artículo

Líderes honrados

Repasaba esta mañana un pasaje de la historia más grande jamás contada, y ha venido a mi mente una expresión de la literatura castellana inicial. El Cantar del mío Cid la pone en boca de los burgaleses: ¡Dios, que buen vasallo si tuviese buen señor!

Leía el Evangelio, y mi vista se ha parado en una frase bien conocida: Jesús, al ver las multitudes, se llenó de compasión por ellas porque estaban maltratadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. Cristo habla en un contexto espiritual, pero al rabí de Nazaret le interesa el hombre entero, cada persona y toda situación. El Dios que se hace hombre asume como propias todas las ocupaciones del hombre, todas sus vicisitudes. El cristiano no puede ser alguien que, por mirar al cielo, descuide los sucesos de esta tierra. Es más, los avatares de este mundo, vividos con profesionalidad y honradez, son medios para ir a Dios. Lee el resto del artículo

Popieluszko: La libertad está en nosotros

Polonia, 1981. Un grupo de huelguistas se atrincheran en la fábrica de acero de Varsovia.  Son elementos subversivos para el régimen comunista, y la tensión crece socialmente en una población carente de libertad y de derechos fundamentales.

Una fría mañana, los trabajadores solicitan al obispo el envío de un  sacerdote al interior de la fábrica para la celebración de la Eucaristía. Es un desafío al que la Iglesia no se podía negar, aun a sabiendas de que la celebración elevaría en mucho la ya existente tensión entre el pueblo y el gobierno.

Con el joven sacerdote Jerzy Popieluszko no contaba casi nadie, pero fue enviado a la fábrica porque era el único que no tenía nada que hacer aquella mañana, y de esta forma tan inocente comenzó  a forjarse la historia de un martirio. A esta historia le podemos poner cara, música, color, dado lo reciente de su acontecer y la cantidad de testimonios vivos y gráficos a los que recurrir. Eso es esta película: un puzle cuyas piezas del guión son los numerosos testimonios sobre su protagonista, que narra los últimos años de su vida, desde la celebración de la Eucaristía en la fábrica de aceros de Varsovia hasta su secuestro, tortura y asesinato a manos de la policía en 1984.

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Criticando a la Iglesia

Una vez más me sorprende el hecho de que dentro de la Iglesia sigan existiendo críticas nada enriquecedoras a miembros de ella, simplemente porque tengan un carisma peculiar pero que en nada se aleja del Magisterio, la Tradición, las Escrituras ni del catolicismo. Focolares, Legionarios, Opus Dei,… somos todos Iglesia, no?.

Esta vez le ha tocado el turno al Camino Neocatecumenal.

Con motivo de que el próximo 20 de Enero, el Santo Padre Benedicto XVI recibirá en audiencia a los fundadores del Camino y a 7.000 miembros de este para el envío de varias familias en misión, Sandro Magíster, el vaticanista del semanario italiano L’Espresso y uno de los analistas más importantes de los acontecimientos eclesiales, ha aprovechado para añadir algunos comentarios negativos hacia el mismo en un periódico digital (cuyo encuentro no es para la aprobación definitiva de los Estatutos, pues ya han sido aprobados el pasado mes de Junio).

Desde el Papa Pablo VI, pasando sin duda por Juán Pablo II hasta llegar al actual Papa, Benedicto XVI, el Camino ha encontrado siempre un total y absoluto apoyo por los frutos que en las propias parroquias, inmersas algunas en una realidad social difícil, ha realizado en estos años, así como traspasando fronteras para llevar la labor evangelizadora a lugares insospechados. Hablar de lo contrario es sin duda debido a la falta de información o a las ganas de hacer una crítica fácil y oportunista.

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